Diario de un tesista – 8 – Crónica de mi penúltimo final
La tesis no avanza pero soy feliz. La tesis no avanza pero otras cosas sí. Y esas cosas harán que la tesis decante sola, lo cual hace que todo esté en orden a su manera.
Me queda un solo final y ahí arranco con la tesis. Tengo los apuntes para rendirlo y tengo el miedo suficiente como para entender que ya es hora de darlo. Y de terminar esta carrera contra mi mismo y sanseacabó.
Si tuviese que titular este texto de nuevo, sin la formalidad de la sección, sería: De a poco se ordena todo: crónica de mi anteúltimo final.
Llegué al examen muy mal preparado, lo reconozco. De todos los textos obligatorios leí solamente la mitad una vez. Ya tengo suficientes finales encima para saber que eso es poco. Pero sin dejarme amedrentar por la falta de texto escrito me largué a la batalla. ¿La materia? Políticas y planificación de la comunicación, una materia sobre leyes y aplicaciones legales en la Argentina y el mundo con respecto a los medios.
Nunca me va a dejar de sorprender la capacidad de los humanos para revertir las cosas, y donde tenía que acordarme un manojo de leyes vetustas y que no se aplican más, decidí pensar en qué tipo de sistema de medios hubiese deseado San Martín. Todo a colación de la película “Revolución”. Y no es que el tiempo se detenga por lo académico, pero apenas me senté todo sucedió más lento. Es que el tiempo se detiene ante la mirada escudriñante. Porque lo que no saben los profesores es que cuando toman no profesan, sino que escuchan la confesión. Y uno se confiesa ante un bien mayor, no ante un hombre. Y por eso perdono al amargo que me tomó, porque le puso poca onda pero se notaba que no le interesaba, que solo hacía su trabajo. Y qué difícil debe ser trabajar de profesor y profesar por trabajo y no por convencimiento. Y menos ser un terciarizado de la confesión.
Me senté con la violencia del ignorante, porque hay que salir a comerse la cancha. Le conte de la película, y de cómo San Martin se hubiese cagado en el grupo Clarín y en las privatizaciones. Le conté de cómo hubiese sido imposible la revolución nacional y latinoamericana con un sistema de mensajería dominado por empresas internacionales como lo tenemos ahora. Pero a él no pareció conmoverlo lo que le contaba, ni mis teorías ni el hecho de que hubiese preparado un tema.
Le perdono no haber entendido la emoción que le puse a la frase “a la comunicación nacional le faltan patriotas”. Le perdono haberme preguntado por textos en vez de por ideas. Le perdono haber insistido en incisos en vez de en conceptos. Y le agradezco haberme aprobado con 4, porque después de un minuto de silencio ante una pregunta lo más lógico es que te desaprueben.















