La siguiente historia paso y no pasó. Las dos cosas a la vez y ninguna.
Un pastor de cabras de la zona de Absinia, actual Etiopía, miraba el horizonte absorto. Una línea separaba el cielo de la tierra, y es que una línea es lo primero que podemos hacer para poder situarnos. Porque sin línea sólo hay vértigo y no caída.
El pastor, llamémosle Kaldi, notó en sus espaldas un sonido extraño. Al darse vuelta vio que sus cabras se apiñaban alrededor de un pequeño arbusto con cierto nerviosismo. Las cabras se golpeaban las mandíbulas por comer el fruto rojo de esta planta.
Al notar el estado de sus cabras, Kaldi, digamosle el pastor, cortó una de las hojas y la probó. Se sintió energizado y de buen humor. Es así que cortó una rama y se la llevó a un monje que habitaba en la zona para que también lo probase. Fue el monje quién por primera vez cocinó el café como una infusión, al sentir el aroma de los frutos al cocerse.
Y esta historia pasó y no pasó.








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