Morir no tiene nada de malo. Morir cuando vos sos el que se muere es lo de menos. Puede llegar a ser molesto cuando es el otro y vos tenés que seguir viviendo con una parte menos de vos. Si creés que los demás son partes tuyas, y tu hijo no te come. Aunque eso es más pour la gallery, para decirle al compañero de laburo o a la empleada que te atiende por el agujerito que sí, que conocés Villa Tesei, que un amigo tuyo vive ahí, porque si le decís Julián no te va a entender.
La muerte no. El tema es estar viviendo y que no se te ocurra nada, y todo porque estás buscando en lugar de encontrar. Un tipo que se hace el gracioso y no resulta porque no es. Un actor que reconoce que su chiste hizo reír al público y lo repite, pero no, ya me di cuenta, lo repetiste a propósito y así se pierde la gracia, actuás para mí y la cagás. Vivir no puede ser para la mirada de los otros.
El tema no es que te maten, es sufrir por no querer que te pase lo que dictaminaste ahora que después te va a pasar. Esperar en la sala del médico a que te sentencien. Ya sabés que siéntese que enseguida lo llaman, que alguien vestido de blanco y un papel en la pared va a leer unos números para expedir lo que se decidió vas a tener que hacer. En 15 minutos, los 140 de alta se convierten en 30 minutos 7 sobre 7.
Dejar de vivir de un momento para el otro no importa. Importa dejar de vivir por un rato. El esto no es para mí. Que la fiesta te invite al baile pero no bailes porque todos te conocen como el-que-se-queda-sentado-y-no-baila. Que divinices a un número frío como rector de una vida caliente. Que permanezcas en un mi-tu-yo-vos, un soy así. O que recién te avives cuando te digan por el walkie talkie lo que se va a venir, estés esperando a que se venga lo que se tenga que venir, estés sabiendo que mucho más no vas a tener que esperar, y notes que lo único que te queda es un papel, un lápiz, y ninguna goma de borrar.








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